viernes, 12 de agosto de 2011

MANSUR AZZAM, GRACIAS !!

Durante el culto del pasado 3 de julio recibimos la noticia de que nuestro querido hermano, el pastor Mansur Azzam había sido llamado a la presencia del Señor, luego de luchar por varias semanas con las secuelas de un accidente vial. Se tuvieron palabras de gratitud al Señor por la vida de quien fuera en su momento pastor de la congregación de San Justo y un leal amigo y referente para la congregación de Morón.

Recuerdo un momento de mi vida, no muy lejano, cuando la depresión era la causante de mi próximo final. Alguien me invita al retiro de la Iglesia Metodista en Embalse de Río Tercero. En mi voluntad de “zafar”, acepto y concurro con mi hija y algunos hermanos de nuestra Iglesia. Estando allí, experimento un malestar que se presenta como un bronco espasmo. Mi prima Olga, que estaba en el lugar, se ofrece a traer un médico. La veo regresar con Mansur. Él me mira y dice: “Querida, hace 30 grados. Sacate el echarpe, desabrigate un poco: Jesús te ama; amate voz también. ¡Regocijate! Todo esto es para vos. Mirá el atardecer, qué brisa tan agradable! Dios te acaricia. ¡Viví! ¡Disfrutá! ¡Liberate! Date permiso para ser feliz. No te arrincones; no te apartes. ¡Compartí con nosotros! Mañana, levantate a las 7. Te espero en el comedor para desayunar con todos.” Yo veía la vereda de enfrente, pero no la podía cruzar. Lloré por esto. A la mañana, me levanté, me vestí normalmente y fui con los hermanos a desayunar. De repente me doy cuenta: ¡Había cruzado la vereda! El médico Mansur me había ayudado. Elsa Paluch

En este momento no puedo evitar preguntar por qué algunas personas que hacen tanto por otros se van tan pronto... Recuerdo que a veces me sentía desanimada porque los hermanos no venían a la iglesia y se lo comentaba a Mansur. Él me preguntaba: “¿Los invitaste a venir?” Y yo le respondía: “¿Para qué? Si no van a venir”. Entonces me contestaba: “No importa. Vos invitalos igual, que el resto lo hace el Señor.” ¡Mansur! ¡Cuántos recuerdos! Los cultos y los asados en Ituzaingó, el compartir juntos con los hermanos en armonía y alegría fraternal… Sé que ahora el Señor te está dando todas las medallas de campeón que has cosechado. ¡Campeón de la vida y del amor! Fuiste guía como pocos. ¡Hasta siempre, hermano pastor! Hasta que nos volvamos a encontrar, allá donde no hay más dolor ni lágrimas, y gocemos por la eternidad. Olga Villalba

Una vez le dije: “¿Sabés, Manzur? A mí no me gustan esos pastores que para hablar con ellos hay que pedir audiencia. Se creen más que Jesucristo, todos muy acartonados”. Y él me contestó: “¿Sabés vos una cosa? Mirá que me desayuno con cartón, pero no puedo acartonarme”. Hace seis años, él fue uno de los pastores que nos dio su bendición en nuestro casamiento: ni mi esposo ni yo lo olvidaremos jamás. Para quienes no lo conocían, Manzur era un ser generoso, humilde, con un gran corazón, con un espíritu alegre y lleno de amor. Manzur: fuiste tan buen siervo, que elegiste un domingo para desplegar tus alas y volar hacia la presencia de Dios. Te vamos a extrañar. Siempre estarás con nosotros. Esther Alderete

Puedo testificar de su coherencia wesleyana, de su compromiso, tanto social como espiritual. De tiempos en que su vida estuvo en grave peligro, en los momentos de oscuridad que vivió nuestro país. De sus sueños por una Argentina justa y solidaria. Testificar de su amor para con este siervo, para escucharme en mis múltiples interrogantes que surgen en la tarea ministerial, de alentarme, de sugerirme estrategias ante lo que parecía imposible de cambiar. Charlamos muchas veces, tanto de la vida de la iglesia como la situación de nuestro país. Por eso es que tengo sentimientos encontrados: de tristeza por la partida y de gozo por el cumplimiento de la promesa de nuestro Señor. Pastor Marco Ochoa

Hasta su radicación en Mendoza, Mansur se desempeñó como capellán de los estudiantes metodistas en ISEDET, propiciando los lazos de unos con otros, pero fundamentalmente poniéndose a disposición de cada uno para lo que fuera necesario. Fue sumamente generoso en brindarnos genuino interés, permanente estímulo y constante preocupación. Su ausencia se siente. Ricardo Fantini

Creo que el cuerpo de Mansur, no fue enterrado, sino que fue sembrado en la tierra y desde allí también seguirá dando sus frutos... Pastor Pablo Bordenave

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